martes, 5 de marzo de 2013

Guerra y paz





Se dio un aviso de temporal y, por supuesto, este no quería faltar a su cita. Ultimamos los preparativos para dirigirnos a puerto pero cuando dimos al contacto, el motor no emitió ni un suspiro. Las baterías estaban agotadas y el cielo cargado de nubes no dejaba nutrirse a la placa solar. No quedaba alternativa: había que comprar una batería nueva con urgencia si queríamos cobijarnos a tiempo. Por suerte, y gracias a la ayuda de unos vecinos, llevamos la batería a bordo y tras tres horas de navegación algo agitada, pudimos ocupar el atraque asignado. El puerto de Mogán estaba a rebosar y los tripulantes, atareadísimos, trincaban a conciencia todo sobre cubierta y comprobaban una y otra vez las amarras de sus embarcaciones. El viento llegó con puntualidad y violencia, con rachas de hasta ciento cuarenta kilómetros por hora, la lluvia golpeaba de costado colándose por cualquier ranura y el oleaje rompía parabrisas y abollaba la chapa de los coches aparcados junto al rompeolas. Un espectáculo caótico que contrastaba con lo apacible del interior del O2. Cuando pasó lo más duro, sobre cubiertas y pantalanes, todos hacíamos balance de los desperfectos.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Arguineguín


Y ahora me encuentro aquí, sobre cubierta, tomando el sol, almorzando y sintiéndome orgulloso ante la aglomeración de gente que frente a mí, en la costa, observa los cuadros y conversa con Almudena. Sin duda este es un buen sitio, o así me lo parece a priori.
Llegamos hace unos días, después de un par de jornadas de lenta navegación desde las Palmas. Nuestro destino se encontraba a tan solo cuarenta millas de allí, pero el poco
viento que había siempre lo encontrábamos por proa, así que nos lo tomamos con mucha calma.
Arguineguín es la primera población de la costa oeste que te encuentras al llegar desde el sur. El suroeste de esta isla es una costa calma y cálida y repleto de turismo. Sin embargo, Arguinegín es tranquilo, sin mucho bullicio, y barato, si lo comparamos con a lo que nos tiene acostumbrado la costa canaria. Es, como aquí se dice, la ciudad más cálida de Noruega y no les falta razón. Aquí, en Arguineguín, existe una gran colonia establecida de noruegos todo el año y ha desbancado a la población guanche, quienes viven en la periferia, en chabolas o construcciones muy humildes que contrastan enormemente con los bloques de apartamentos escandinavos y los hoteles hechos para albergarlos en sus periodos vacacionales de invierno. Todo lo que puedes encontrar aquí o bien es noruego o está hecho para el noruego. Precisamente, en donde ahora se encuentra Almudena, es una parte del paseo marítimo que linda con la iglesia de Noruega, pero también hay colegio noruego, clubs,cafeterías... e incluso en los supermercados se venden los productos habituales para la elaboración de su gastronomía y hasta puede encontrarse su comida basura favorita.
Pasaremos aquí las próximas semanas resolviendo algunos problemas que han aparecido en el O2 en los últimos días, como la rotura de la palanca del acelerador, un inexplicable golpe un tanto feo en la pala del timón, un desgarrón en la génova... y prepaparemos nuestra nueva etapa, empezando por la ansiada travesía a Madeira que, si es posible, la emprenderemos a mediados de marzo. 

viernes, 7 de diciembre de 2012

Las Palmas de Gran Canaria






         La Graciosa quedó atrás hace ya tiempo, o al menos a mi me resulta ya muy lejano. Desde entonces, y hasta que arribamos aquí, a Las Palmas de Gran Canaria, hemos conocido lugares y tenido encuentros de lo más variopintos, como un tiburón enorme que estuvo rondando el barco durante un buen rato pocas millas después de zarpar de La Graciosa, el peculiar desembarco que protagonizamos unas horas más tarde en Punta Mujeres, a nado, y la acogida que recibimos nada más pisar tierra por una maravillosa pareja que nos invitó en su casa a unos vinos y unos aperitivos estando nosotros aún chorreando, el agobio de Arrecife por los miles de guiris que desembarcaban, como zombis, de los dos transatlánticos que arribaban a su puerto a diario, la conversación en su barbería con un viejo y bien pensante barbero, lo absurdo, urbanísticamente hablando, de Puerto del Rosario, en Fuerteventura, el bonito pueblo pesquero de La Playita, lo transitado de una corriente frente a Costa Calma por bonitos, tortugas y delfines, la horrible noche que pasamos fondeados en Punta Jandía, siguiendo el consejo del derrotero número cuatro de nuestro queridísimo instituto hidrográfico, el comienzo de la construcción de nuestra nueva embarcación auxiliar en Morro Jable, la llegada a las Palmas y la indescriptible sensación que sentí al darme una ducha de agua caliente, la primera para mi desde hacía tres meses, el encuentro con los participantes de la ARC y la decepción que nos produjeron, puesto que eran de todo menos marinos y el haber encontrado una buena galería en la que desde el día 30 de noviembre y hasta mediados de enero se podrán ver y adquirir obras mías en la exposición colectiva de pequeño formato que se ha iniciado. Por si alguno está interesado, os informo de su situación y contacto:

Galería Cuadro.
C/ León y Castillo, 9.
35003 Las Palmas de Gran Canaria

sábado, 27 de octubre de 2012

La Graciosa




Abandonamos Lobos muy contentos por haberlo conocido una madrugada en la que la predicción marítima, a priori, era favorable, con vientos suaves del Oeste que se intensificarían un poco por la tarde y un mar de fondo de 1 a 2 metros. Y así se cumplió la predicción durante gran parte de la travesía pero ya en las últimas 20 millas, el cielo comenzó a llenarse de nubarrones muy densos y oscuros y el viento empezó a arreciar. Nos sorprendieron los primeros chubascos y los siguientes logramos dejarlos atrás, gracias a la velocidad que íbamos adquiriendo, de manera progresiva, milla tras milla, hasta que finalmente nos vimos sumergidos en medio de un espeso frente que nos caló hasta el tuétano, hizo que perdiéramos de vista la costa y que nos traía olas de tres metros y vientos de 35 nudos, los que nos hacían volar de través a una velocidad de 9 nudos, con tan solo la génova izada; aún así llevábamos demasiado trapo. Esto hizo que la navegación resultase muy excitante aunque para los dos tripulantes que llevábamos a bordo, quienes desde hacía ya rato luchaban en el interior del barco contra el mareo, fue un verdadero infierno.
A pesar de todo, a la hora prevista, fondeamos con algo de dificultad en la playa de los franceses bajo una intensa lluvia. Allí permanecimos durante tres días al socaire de la Montaña Amarilla, un cono volcánico encumbrado por óxido granate y por cuya ladera Sur desciende hacia el mar tierra teñida por azufre en un ocre intenso. Llevamos en esta isla una semana y nos encontramos muy bien aquí, un lugar encantador en el que viven alrededor de 700 personas en pequeñas casas blancas en calles sin asfaltar, de arena. Un pequeño pueblo rodeado de tierra virgen con todas las necesidades cubiertas y preparado para una vida tranquila. Nada de paro, juventud y muchos, muchos niños que incluso reciben alguna de sus clases en la playa en vez de en el aula, aprovechando la bonanza del tiempo. Una verdadera delicia.

Isla de Lobos y el Sur de Lanzarote


Después de unos cuantos días en el Sur de Lanzarote, donde han ocurrido un montón de cosas, desde la pérdida del ancla y su respectiva cadena, hasta el estimable encuentro con un trío peculiar: un inglés, Tim, un irlandés, Peter, y un alemán, Bernard (con el español se completa el chiste), zarpamos rumbo al sur, tras haber colocado unas cuantas obras en la Galería "Arte de Lava", en Marina Rubicón, hasta el otro extremo del estrecho de la Bocaina, pues queríamos conocer a fondo la Isla de Lobos y la ciudad de Corralejos, al norte de Fuerteventura.

Lobos es una pequeña isla virgen y deshabitada de conos, rocas volcánicas y playas de arena fina y blanca, cuyas aguas cristalinas, azules turquesas e intensas, cobijan una gran y variada cantidad de vida. Y es de esta vida de la que os quiero contar un encuentro, que destaco en esta recalada: A última hora de la tarde de un productivo día, Almudena y yo nos encontrábamos sobre cubierta. Ella en proa observaba la mar y yo en la bañera, bajo el toldo, pintaba. Tras una exclamación, Almudena apareció en popa y me señaló un punto cercano por el través. Y lo vi: un par de tortugas flotaban con sus cuellos erguidos. Nos pusimos las aletas y las gafas y nos lanzamos al agua a su encuentro. En un par de minutos las teníamos ante nosotros. Una enorme de más de un metro, estaba en el fondo, escarbando con su cabeza en la arena. La otra buceaba muy cerca de nosotros, como colgada por hilos de títeres. Se movía suave y lentamente aunque avanzaba a gran velocidad. En un rato la perdimos y atendimos a la más grande, la que estaba en el fondo. Seguía comiendo allí abajo pero se dio cuenta de que estábamos cerca. Parecía sentirse cómoda. Me habían contado que las tortugas marinas tenían muy malas pulgas pero no fue esa mi impresión. Así que me sumergí para verla más de cerca. Y la tortuga giró su cabeza hacia mí. Me miró. Y comenzó la persecución. Ahí fue, acercándose, con esos movimientos, como a cámara lenta, cuando realmente me di cuenta de lo grande que era. Y puse pies en polvorosa. Tras unos metros de huída miré hacia atrás, pensando que la tortuga había cejado en su empeño, pero seguía ahí. Persiguiéndome. Poco tiempo después, la tortuga cambió de dirección y se perdió fundiéndose finalmente con el azul del mar.

martes, 25 de septiembre de 2012

El pequeño estudio ambulante se pone en marcha.

 Hace ya tres días que me encuentro aquí, en Lanzarote y al fin he podido conversar un rato con los pinceles. Las jornadas a bordo son intensas y no hay tiempo para cruzarse de brazos. El barco pide y hay que darle lo que demanda, porque lo merece. Porque él es casa, lugar de trabajo y de diversión, vehículo... pero sobre todo amigo; un buen amigo y todo lo que él recibe de esta manera tan humilde en la que puedo darle, lo agradece con creces. Se entrega y te da lo que necesitas, se comunica constantemente de manera sincera y perdona los pequeños descuidos. Es un ser divertido pero también responsable y noble.
Los días próximos a nuestra partida, allí en Tenerife, fueron muy emotivos. Los buenos amigos, vecinos de puerto, que encontramos durante el tiempo que estuvimos allí, vinieron a ayudarnos en la puesta a punto del "O2" para que pudiéramos zarpar. Nos dieron su tiempo, trabajo e incluso muchas de las cosas que necesitábamos y que aún no habíamos podido conseguir. Una suerte inmensa la nuestra por quienes estamos encontrando. Sin duda, gente excepcional.
Zarpamos a las nueve de la mañana de Marina Tenerife junto con el “ Relief” quien nos acompañó durante las primeras millas para cerciorarse de que todo funcionaba bien a bordo. Fue una buena travesía hasta El puerto de la Luz en Las Palmas en donde recalamos a las doce de la noche para dormir. Al día siguiente y después de haber descansado y habernos aprovisionado de artículos importantes, levamos el ancla y pusimos rumbo 60º hacia el estrecho de la Bocaina. El viento nos obligaba a tomar un rumbo muy cerrado con respecto a él, pero el “O2 “ ciñe muy bien y navegamos muy cómodos y ligeros durante la noche con dos rizos en la mayor, por precaución, en una noche sin luna pero muy luminosa. Esta era clara y estrellada. Había mar de fondo con espuma en las crestas de las olas y Esta, al igual que la estela del barco, iluminaban la noche con el verde de las fosforescencias del plancton. Una noche preciosa e igualmente un hermoso amanecer con la mar como plastificada, como tratada con photoshop. Se acercaron a nosotros un par de ballenas calderones, madre y cría, y pasaron bajo nosotros por el costado de estribor. Viramos al norte pues el viento había rolado y otro vagabundo marino apareció ante nosotros. Esta vez una tortuga. La navegación fue muy relajada el resto del día y no se metió viento hasta el atardecer, en el estrecho. A media noche Fondeamos en Playa blanca.